RINCÓN LITERARIO |
Carta a viejo amigo


Fran Zurera. Historiador. - Miércoles, 30 de mayo de 2012 (13:25:58)


Fran Zurera. Historiador.
Fran Zurera. Historiador.
  Carta a viejo amigo:



No sé si sabrás viejo amigo, que tanto amor se le puede tener a las palabras como a un lugar. Con los años, he ido dándome cuenta cuanto echo en falta las palabras. Pero no palabras como estas que se escriben correctamente, sino las palabras que formaron mi infancia, esas silabas fuertes, que como zumbidos pasaban invisibles ante mis ojos y dibujaban la forma de mi lengua al pronunciarlas.



Ahora salgo a la calle y la añoranza me rodea, me aturde y me vuelve un ser lacónico. Mis hijos parece que hablen un idioma extranjero en mi propia lengua y yo hastiado, recuerdo cada vez más las palabras. Aquellas de las que antaño intentaba escapar; aquellas que me parecían burdas, malsonantes, o mejor dicho, catetas. Por huir de ellas formé mi vida lejos de la tierra que como fiel cancerbera las mantenía intactas para que las disfrutásemos todos. Me fui, dejando atrás a personas como tú.



Viejo amigo, ahora camino por la calle desandando los pasos que me llevan de un lugar a otro sin ton ni son y me vuelvo a escuchar a gentes venidas de otras partes para acunarme en el dulce lenguaje con el que conversan. Me traspasan sus vocales abiertas, sus frases altisonantes y sus risas profundas y sinceras. Me transportan a mi infancia, me hacen reencontrarme con ellas, con mis queridas y añoradas palabras, pensando que las dejé abandonadas en un rincón como abandoné en su tiempo, mi muñeco de trapo.



Atolondrado entro en el bar y allí mi universo se vuelve otro, las voces se dirigen hacia mí, cariñosas, socarronas, me dicen: “esú cohones siéntate a echá unas partidillá y aserca el senisero compadre” y mi boca dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Me siento y me deleito escuchando las voces que pronuncian senisero, o aquel otro que asevera con la frase “mi agüelo me diho a mí…” y al escucharlas te envidio. No sabes cuánto, porque tú te quedaste y aunque el tiempo y sus consecuencias no te dieron una vida plácida allí, tuviste la inmensa suerte de haber nacido, crecido y formado tu familia en el sur.



Palabras… palabras que forman mi mundo y me devuelven a mis seres queridos. Los veo afanados en sus quehaceres diarios mientras el alegre parloteo, me lleva al estruendoso alboroto de mis queridas palabras sureñas. Veo a mi abuela acercarse y al oído muy bajito para que al alzar la voz no se escape la magia de su seseo cadencioso pronucia: esú tu has nasio en el sur y serás un hombre de provecho ya lo verá, tu comadre y yo lo tendremos que vé algún día si Dió quiere…



Pero ¿sabes qué viejo amigo? No soy un Álvarez Quintero que utilice el acento para burlarme de mi procedencia. Soy un simple Córdobé que ase mucho tiempo dehó su tierra y que debido a la distansia solo se ve, se siente y se enorgullese de ser cordobé cuando le salen sus profundas, altaneras, cadenciosas y nunca bastante habladas palabras del sur de Córdoba.