OPINIÓN | Comunicado
Fraternidad y diálogo


Hermandad Obrera de Acción Católica - HOAC - Miércoles, 16 de enero de 2019 (08:51:01)


En nuestra vida política vamos de sobresalto en sobresalto y de disparate en disparate. La situación es cada vez más grave porque, perdidos en medio de disputas estériles y no pocas veces basadas en la mentira, los verdaderos problemas sociales (las desigualdades, la precarización del trabajo y de la vida, el empobrecimiento, la exclusión, el descarte de personas…) siguen sin afrontarse. Estamos instalados en una profunda crisis política, tanto institucional como social, en muchos casos los comportamientos políticos de las personas no van a la zaga del deterioro de las instituciones. No acabamos de darnos cuenta de cómo el neoliberalismo y su idolatría del dinero ha socavado de raíz la vida política. El individualismo, radicalmente contrario a lo que las personas somos y necesitamos para construir nuestra humanidad, se ha impuesto como principio práctico de la organización social y económica. En ese contexto crece una preocupante frivolidad y superficialidad política que no ayuda nada a comprender lo que nos pasa, ofrece falsas soluciones que fracturan aún más la sociedad, exacerba el individualismo y el particularismo, nos envuelve en falsas identidades que nos enfrentan, y nos aleja cada vez más de la justicia y del bien común.

Es posible afrontar esta situación y construir otra realidad. Nos lo dice la vida de personas y grupos que, desde su entrega generosa y cotidiana cercana a la vida de los empobrecidos, construye de hecho otra realidad mucho más humana. Como señala el papa Francisco: «No todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan». «Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos». (Laudato si’, 205 y 202).



Pero para ello es necesario cultivar y practicar, al menos, tres caminos fundamentales:



La fraternidad, porque uno de los mayores olvidos de nuestra vida social y política, raíz muy importante de su crisis, es el olvido de la fraternidad, que se expresa sobre todo en el olvido de los pobres. La atención a los empobrecidos, excluidos, descartados…, es lo único que puede cambiar en sentido humano las instituciones y los comportamientos políticos de las personas.



Las virtudes sociales que pueden humanizar la política, porque son las que hacen posible una vida entregada, lo que nos humaniza es compartir la vida de los otros, caminar juntos.



La cultura política del diálogo, una nueva ética política que nos permita caminar juntos para buscar respuestas reales a los problemas y necesidades sociales. Un diálogo no para buscar la uniformidad, que siempre es estéril, sino para caminar juntos desde la enriquecedora diversidad. Diálogo que necesita de la humildad del reconocimiento y acogida del otro, de la escucha y del silencio que la hace posible, porque el actual caos político vive del ruido que no deja escuchar a los otros y, sobre todo, no nos deja escuchar el clamor de los pobres. Como señala Francisco, «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa y sin excluidos». (Evangelii gaudium, 239)  



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