OPINIÓN |
Efeméride
El 7 de noviembre de 1938 tuvo lugar un ataque aéreo realizado por la aviación republicana sobre la localidad de Cabra

Lourdes Pérez Moral. Historiadora - Miércoles, 07 de noviembre de 2018 (06:24:17)


Si en 1934 Unamuno se indignaba por “las más groseras falsificaciones de la memoria histórica”, Orwell se preguntaba, en 1942, cómo se documentaría “la historia de la guerra civil española”. Tal vez una consumación profética de ambos que podría hacer buena la distinción que Aristóteles formuló entre historiador y poeta: “uno escribe las cosas como han sucedido y el otro como deberían haber sucedido”.

Imagen de archivo. (Foto: Cris Velasco / Biblioteca Nacional de España)
El 7 de noviembre de 1938 tuvo lugar un ataque aéreo realizado por la aviación republicana sobre la localidad cordobesa de Cabra. El bombardeo se saldó con 109 muertos y cientos de heridos. Hubo monumento al mismo pero, con el paso del tiempo, el luctuoso hecho quedaría silenciado aunque no olvidado. También hubo luctuosos hechos que ni tan siquiera tuvieron monumentos y, mucho menos, fueron olvidados.



Hoy y con la legislación vigente, este hecho que ahora se conmemora, no tendría encaje al no contemplar la represión de las derechas por las izquierdas durante la guerra civil. ¿Acaso se contempló la represión de las izquierdas por las derechas durante la dictadura?. No. ¿Podría quién ahora ha asumido por entero la gestión de una acción, complicada pero conocida, modificar una ley para incluir todos los escenarios al objeto de poner fin a este rosario de naturaleza parlamentaria?. No lo sé pero sí que el noble oficio de la historia, sobre todo de hechos contemporáneos, tiene graves inconvenientes en estos tiempos.



Queda ya lejos aquella enmienda transaccional formulada y aprobada, paradójicamente,  el 20 de noviembre de 2002 por la Comisión Constitucional y que serviría de base al consistorio egabrense para también formular y aprobar la sustitución y traslado de ese monumento al cementerio, por otro, pero para todos y en otro lugar en base a una moción presentada, también paradójicamente, por el edil de IU Carnerero Alguacil: “en primer lugar, el deber de proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil y posteriormente padecieron la represión de la dictadura franquista, y en segundo lugar, el deber de la sociedad democrática de impulsar el apoyo institucional a las iniciativas puestas en marcha por los familiares de los afectados con un límite, un límite inexorable con el que estamos absolutamente de acuerdo. El límite consiste en que no hay que resucitar el enfrentamiento civil. La enmienda plantea perdonar, plantea superar el resentimiento, plantea ahogar los sentimientos de venganza, pero no olvidar, porque olvidar es algo que no se puede exigir. Habría que citar al poeta José Hierro, cuando decía aquello de que bendito sea Dios, que inventó la memoria. La memoria viva, la memoria activa nos permite conocer lo que hicimos en el pasado y valorarlo críticamente hoy para no incurrir de nuevo en los mismos errores. Por el contrario, la desmemoria, la amnesia, y peor aún si han sido deliberadamente buscadas, sólo persiguen ignorar la experiencia acumulada para hacer lo que se quiera haciendo borrón y cuenta nueva”.



Y aunque el príncipe de la elocuencia alabó a la historia con grandiosos nombres sin imbéciles artificios e inútiles atavíos, triste es reconocer la profecía unamuniana: “sigan, si es que eso les sirve de desahogo a sus resentimientos y resquemores, inventando ficciones frente a las de sus adversarios y sigan calumniando a éstos como éstos les calumnian, y sigan buscando su persona, la que encarne su tradición ficticia; pero dense cuenta de que los españoles de memoria fiel, segura, sosegada y pura, de sentido histórico cotidiano, están por encima de esa refriega y sienten que España no depende ni de un régimen ni del otro”.








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