REPORTAJES | Historia
El peso de lo viejo


Lourdes Pérez Moral. Historiadora - Miércoles, 27 de septiembre de 2017 (06:27:00)


Uno de los objetivos de la Comisaría Regia de Turismo, más tarde Patronato Nacional de Turismo, instaba a “vigilar la conservación eficaz y procurar la exhibición adecuada de la España artística, monumental y pintoresca”. Era 1911.

Barrio de la Villa de Cabra. (Foto: Vicente Rodríguez León)
No fue hasta 1955 cuando el consistorio egabrense comenzaría a emular un posible enriquecimiento mediante la solicitud de un parador de turismo -“esta ciudad se encuentra situada en la ruta turística de Granada a Córdoba y, a diario, se visita por un considerable número de españoles y extranjeros que sólo pueden detenerse durante unas horas por la insuficiencia de alojamientos que tenemos”- brindando al efecto la parroquia matriz de la Asunción y el palacio de los Condes de Cabra que ya eran ninguneados y objeto de demolición, al menos, en alguno de sus tramos. Quedaba lejos una de las atribuciones emanadas del “reglamento de organización, funcionamiento y régimen jurídico de las corporaciones locales” de 1952: “velar por la conservación de los castillos, monumentos, edificios artísticos o históricos y belleza del paisaje”.



Poco tiempo después e instaurada la categoría de “monumentos locales y provinciales” con las mismas limitaciones y beneficios que la legislación otorgaba a la de “monumentos histórico-artísticos”, el ayuntamiento de Cabra formuló propuesta pero arbitraria: “el antiguo castillo de los duques de Sessa situado en la antigua villa de Cabra, para velar por su conservación en el más puro estado, así como la portada de piedra labrada que ostenta el molino del propio duque que tiene esculpidos y labrados los escudos de su casa. Procede también la defensa como paraje pintoresco del parque municipal de la Fuente del Río. Otros monumentos que deben ser objeto de nuestra atención para ser conservados en el futuro son la portada de la antigua casa de hidalgos llamada de don Paco, la fachada de piedra labrada de carácter renacentista donde hoy se encuentra instalado el cuartel de la guardia civil, la fachada plateresca del edificio que hoy ocupa el Centro Filarmónico Egabrense, la fachada de piedra labrada de la casa que en la calle Italia número 5 posee doña Margarita Calvo, la portada de piedra de la casa número 10 de la calle Comandante Silva, la antiquísima iglesia de San Juan del Cerro y, por último, la fachada de nuestro Instituto”. Era 1960. Diego Angulo Iñiguez, ponente de la Comisión Central de Monumentos, formuló entonces dictamen: “aunque  ni en el escrito de la Alcaldía ni en el informe de la Comisión de Monumentos se recoge la sugestión de que sean declarados monumentos histórico-artísticos locales las murallas de la ciudad, de la que se conservan algunos cubos, parece muy conveniente el que sean declarados monumentos histórico-artísticos locales, no permitiéndose construir en la carretera de Lucena edificios que oculten los restos de esa muralla”. Un año más tarde se declaraba “paraje pintoresco”, que no monumento histórico-artístico local, al castillo y murallas de Cabra con la obligación expresa para consistorio y propietarios de la “más estricta observancia de las leyes del tesoro artístico municipal y de ensanche en poblaciones”.



En este contexto se constituiría la primera Junta Local de Turismo, germen del Centro de Iniciativas Turísticas de Cabra y, en 1967, tendría lugar la primera Asamblea Nacional de Municipios Turísticos donde Cabra, Córdoba, Fuenteovejuna, Hornachuelos, Lucena, Montilla, Montoro, Palma del Río y Priego de Córdoba participaron y empezaron a vender las excelencias de forma impresa: “se halla edificada al sudeste de la provincia de Córdoba, a 78 km. de la capital, en la falda occidental de una estribación de la Penibética denominada sierra de Cabra, en un fértil y delicioso valle ceñido, en forma de semicírculo, por la citada cadena de montañas y a orillas del río Cabra. La antigua Plaza Vieja, con artística fuente y variados jardines, tiene como fondo el castillo de los Condes de Cabra, en el que destaca gallarda y majestuosa la torre del Homenaje, y la parroquia arciprestal con su esbelta torre de la Asunción. La calle Mayor, de noble empaque, da acceso al barrio de la Villa, construido dentro del antiguo recinto murado”.



Hoy cuando el turismo vuelve a revalidar la dinámica de la economía patria, el consistorio egabrense ha aprobado el reglamento de la “mesa local de turismo” donde participan diferentes movimientos asociativos pero no aquellos titulares de recursos -lo desconozco o si se ha formalizado invitación- que son generadores de riqueza y que han soportado y soportan el peso de lo viejo. Ya lo señalaba la Carta Internacional sobre Turismo Cultural de 1976: “el turismo excesivo o mal gestionado con cortedad de miras, así como el turismo considerado como simple crecimiento, pueden poner en peligro la naturaleza física del patrimonio natural y cultural, su integridad y sus características identificativas”.    



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